Lo encontraba cada día en el vestuario de mi trabajo. Siempre hablando con todos, muy sociable. Me saludaba con un "Hola mi niño" porque no sabía mi nombre. Yo si sabía que se llama Pedro. El mismo ritual cada día, siempre poniendonos el uniforme a las 8:00, nunca a la hora de marchar a casa. Pero el miércoles fue diferente. Entré al vestuario y oí que en una de las 4 duchas que tenemos corría el agua. Yo prefiero siempre ducharme en el gimnasio después de entrenar así que nunca me ducho en el trabajo. Comencé a quitarme el uniforme en la soledad casi completa del vestuario. El grifo del agua se oyó cerrar y la puerta se abrió.
Pedro salió y me saludó: "¿ Qué tal tío? ¡Hora de irse ! " Me quedé mirando su cuerpo chorreando agua pues únicamente se secaba con una toallita muy pequeña.
"Hola, sí, ya está bien por hoy"- contesté sonriendo. Él no paraba de hablar, sobre el tiempo, sobre el trabajo, los turnos, el gym. "Bueno, me voy" -me despedí. "encantado, soy pedro" - respondió . "yo soy Marcos"- contesté. "Pues Marcos, nos vemos otro día. Me han hablado de ti y tu otro curro" "¿Qué? ¿Ah sí?- me quedé parado en la puerta del vestuario. - Sí, ¿tú eres quiromasajista, no? Ya hablamos con calma para que me trates. - Respondió Pedro sin dejar de sonreír mientras se peinaba. -Claro, nos vemos por aquí y hablamos- dije mientras caminaba ya por el pasillo.